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Demasiado Joven para ser Mamá

20 Junio 2016
El embarazo de niñas y adolescentes continúa siendo una expresión clara de la violencia sexual contra las mujeres, ejercida desde muy temprana edad y tolerada culturalmente. En Costa Rica, aproximadamente 14,000 niñas y adolescentes menores de edad quedan embarazadas cada año.

GUANACASTE, Costa Rica – “Los primeros meses fueron lo más difícil, no me acostumbraba a la idea. ¿Qué voy a hacer yo con un bebé –y sola? No puede ser que esto me esté pasando,” señala Hillary Bustos Gómez, una joven costarricense de 18 años. Su vida dio un giro inesperado a los 16 años, cuando salió embarazada, estando en una relación que consideraba estable. “Al principio todo era color de rosa, pero con el tiempo todo fue empeorando. No creía que él me iba a dejar,” confiesa Hillary.

A pesar de que considera que era demasiado joven para ser mamá, Hillary ha asumido el rol con gran responsabilidad. “No me arrepiento de mi bebé, pero sí hubiese querido tener en ese momento el conocimiento que tengo actualmente,” asegura Hillary. Su hijo, Mateo, que tiene 7 meses, es su fuente de motivación permanente. El deseo de darle un mejor futuro la incentivó a terminar su bachillerato y estudiar Administración Hotelera.

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América Latina y el Caribe tienen la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes del mundo y se estima que casi el 18% de todos los nacimientos corresponden a mujeres menores de 20 años de edad. Cuando una adolescente queda embarazada o tiene un hijo, su salud, educación, potencial de obtener ingresos y todo su futuro pueden estar en peligro. Es por ello que ahora más que nunca, se debe abogar porque cuenten con acompañamiento para evitar la deserción escolar a causa de su embarazo.

En promedio, 500 adolescentes menores de 15 años quedan embarazadas anualmente, según cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas de Costa Rica. “¿Qué hace una joven de 13 años cuidando un bebé? Tiene la infancia robada,” señala Hillary. “Es triste. Se supone que debería estar terminando el colegio, saliendo a divertirse, no cambiando pañales, trasnochándose de esa manera,” agrega.

Fue este tipo de reflexión lo que la inspiró a convertirse en una defensora de los derechos de las jóvenes y adolescentes, como asesora del tema de violencia contra las mujeres en un proyecto desarrollado en el marco de la Estrategia de Seguridad de Centroamérica del Sistema de Integración Centroamericana, SICA. Este proyecto, que cuenta con el apoyo del UNFPA y de la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, es coordinado en Costa Rica por el Instituto Nacional de las Mujeres, con participación del Ministerio de Justicia y Paz, el Ministerio de Gobernación y Policía, el Ministerio de Seguridad Pública y el Poder Judicial.

La gran mayoría de los embarazos en la adolescencia no responden a una decisión de la mujer, y en muchos casos no eran deseados en ese momento. Existe un vínculo que no se puede negar entre la educación y la maternidad a temprana edad. Mantener a las jóvenes en la escuela se considera como un factor protector frente a los embarazos tempranos.

El embarazo de niñas y adolescentes continúa siendo una expresión clara de la violencia sexual contra las mujeres, ejercida desde muy temprana edad y tolerada culturalmente. En Costa Rica, aproximadamente 14,000 niñas y adolescentes menores de edad quedan embarazadas cada año.

Hillary posee un don de liderazgo innato, que le ha permitido ganarse la confianza de otras adolescentes madres y convertirse en consejera del grupo. “Yo le digo a las chicas que no están solas, que sea cual sea la situación que no han sido las únicas y que sí se puede salir adelante. Es cuestión de querer. Está en uno mismo buscar la salida,” señala Hillary.

En la vida de Hillary hay un antes y un después de Mateo. “Ahora más que nunca uno tiene que fijarse metas, por el bien de ambos,” afirma Hillary. “Mi lema es ‘con un pie en la tierra y otro en el cielo’. Es bonito ilusionarse, soñar y recordar que siempre hay un final, que nada dura para siempre.”

Texto: Gabriela Rodríguez y Guadalupe Valdés / Fotos: Priscilla Mora Flores para UNFPA

 

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