Adolescencia y Juventud

Trabajando para que cada persona joven alcance su pleno desarrollo

Más de 1.8 mil millones de jóvenes alrededor del mundo están transformando la realidad social y económica de nuestros países y construyendo así una nueva fundación para el futuro. Sin embargo, hay demasiados jóvenes que continúan luchando contra la pobreza, la desigualdad y violaciones a sus derechos humanos que les previene alcanzar vidas sanas y productivas.

Trabajando para que cada persona joven alcance su pleno desarrollo

Más de 1.8 mil millones de jóvenes alrededor del mundo están transformando la realidad social y económica de nuestros países y construyendo así una nueva fundación para el futuro. Sin embargo, hay demasiados jóvenes que continúan luchando contra la pobreza, la desigualdad y violaciones a sus derechos humanos que les previene alcanzar vidas sanas y productivas.

Una juventud saludable, educada, productiva y plenamente comprometida tiene la capacidad para romper el ciclo de la pobreza intergeneracional y hacerla más resistente ante los desafíos individuales y sociales. Como ciudadanos calificados e informados, pueden contribuir en mayor medida a sus comunidades y naciones. 

Con una población de más de 140 millones de adolescentes y jóvenes en América Latina y el Caribe, la inversión en juventud, especialmente en mujeres adolescentes, es una de las más acertadas acciones que un país puede realizar. La juventud de hoy, tiene la capacidad para fortalecer el tejido social y crear un futuro sostenible.

Salvaguardar los derechos de la juventud e invertir en su futuro es esencial para su desarrollo y el de sus familias, comunidades y países. Proveer educación de calidad, un empleo decente, herramientas efectivas para gozar de una vida sana y el acceso a salud sexual y reproductiva, son sin duda alguna las inversiones necesarias para garantizar que cada joven alcance su pleno desarrollo.

Nuestro Desafío

La juventud de Latinoamérica y el Caribe  tiene por delante un desafío importante. Requieren de capacidades, espacios y protección para ser conductores de un proceso de desarrollo económico y social que permita, a la vez, reducir la pobreza y los abismantes índices de desigualdad socioeconómica, que atentan contra la estabilidad y la convivencia.

Pobreza: La pobreza afecta a casi un tercio de la población joven de la región. Un 39% de las y los jóvenes de 15 a 29 años se encuentra en la pobreza y casi un 10% en la indigencia. La pobreza juvenil en el área rural es de más del 46%, duplicando la de la zona urbana que es del 25%.

Maternidad Adolescente: La tasa de las adolescentes embarazadas (15 a 19 años) de la región sólo es superada por África y es mucho mayor que el promedio mundial. El 20% de los partos en la región correspondió a mujeres menores de 20 años de edad. El porcentaje de nacidos vivos del total de madres adolescentes de entre 15 y 19 años en algunos países de la América Latina promedia el 18%.

Educación: Un tercio de los y las jóvenes de entre 15 y 29 años de América Latina y El Caribe no asiste a ningún establecimiento educativo. Las mujeres indígenas y afrodescendientes jóvenes de zonas rurales muestran una asistencia y finalización de estudios menor a cualquier otro grupo, lo que en las zonas urbanas se mantiene aun cuando la brecha se acorta.

Salud: En el campo de la salud sexual y reproductiva las y los adolescentes y jóvenes latinoamericanos tienen los índices de salud más preocupantes; para UNFPA la prevención en estos aspectos con un enfoque género sensitivo es un imperativo para la calidad de vida de adolescentes y jóvenes.

Participación: Priorizar la construcción, fortalecimiento y ejercicio de capacidades democráticas que contribuyan a la consolidación del liderazgo y del rol de las y los jóvenes en el desarrollo de sus comunidades y naciones. 

Violencia: Disminuir las tasas de homicidios en jóvenes de 15 a 24 años, que en la región son de un promedio de 31-33 por cada 100,000 habitantes en la región. 

La Oportunidad

La región vive una etapa de su transición demográfica en que la proporción de personas en edades potencialmente productivas crece de manera sostenida en relación con la de personas en edades potencialmente inactivas (menores de 15 y mayores de 60 años). Esta etapa de transición coloca a la región en el momento del llamado “bono demográfico”, donde el porcentaje de población en edad de trabajar y producir es mucho mayor (llega a duplicar) al porcentaje de la población dependiente.

Esta coyuntura favorable hace que la sociedad tenga mayores oportunidades para generar los recursos fiscales y contributivos que permiten invertir con más solidez en las jóvenes generaciones que se aprontan a insertarse en el mundo laboral. En este sentido, el bono demográfico es una tremenda ventana de oportunidades para los países, pues significa una mayor proporción de población con capacidad para trabajar, producir, ahorrar e invertir.

La juventud actual tiene niveles de educación más altos que sus progenitores; están familiarizados con las nuevas tecnologías de producción, comunicación, manejo y procesamiento de información, cuyo conocimiento y uso serán claves para el desempeño de las naciones y de las personas en el futuro; han experimentado el ritmo incesante del cambio, lo que los hará capaces de enfrentar las transformaciones futuras con mayor flexibilidad y rapidez y se desenvolverán en un escenario demográfico más holgado.

Nuestra Estrategia

UNFPA, como la agencia líder del sistema de Naciones Unidas en los temas de adolescencia y juventud, ha diseñado una Estrategia Regional para el periodo del 2013 al 2016. Esta estrategia tiene como meta impulsar, mediante la incidencia técnica y política, la inversión en las oportunidades que permitan a adolescentes y jóvenes desarrollar los conocimientos, competencias y resiliencia necesarias para una vida saludable, productiva y plena.

La estrategia regional destaca la importancia de la participación de los más diversos sectores de la sociedad junto al reconocimiento de las capacidades ciudadanas de adolescentes y jóvenes para lograr el pleno ejercicio de sus derechos humanos, el incremento de las inversiones en educación, empleo, salud y participación ciudadana así como el acceso a servicios que contribuyan a mejorar sus condiciones de vida y a combatir su marginalización.

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