CIUDAD DE PANAMÁ, Panamá - “Yo no sabía que tenía derecho a decidir. No sabía que la salud sexual y reproductiva era un derecho.” Lindira Cayetano, adolescente garífuna de Guatemala, lo expresa con claridad. Su testimonio refleja una realidad que atraviesan las comunidades afrodescendientes de la Costa Caribe Centroamericana: muchas adolescentes no cuentan con la información, el apoyo, ni los servicios necesarios para ejercer su libertad reproductiva.
América Latina y el Caribe es la segunda región en el mundo con la tasa más alta de embarazo en adolescentes. Aquí, 1.6 millones de adolescentes dan a luz cada año, lo que equivale a una cada 20 segundos, según datos del UNFPA. Además, las adolescentes afrodescendientes tienen un 50 % más de probabilidades de ser madres que sus pares no afrodescendientes. En este escenario, hablar de libertad reproductiva significa abordar desigualdades profundas marcadas por el género, la etnia, la condición socioeconómica y el lugar de origen.
El embarazo en adolescentes casi nunca es resultado de una decisión libre e informada. A menudo, es expresión de la falta de condiciones para decidir con libertad, como subraya el más reciente reporte del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) sobre el Estado de la Población Mundial 2025, titulado La verdadera crisis de fecundidad: Alcanzar la libertad reproductiva en un mundo de cambios.
“Las juventudes afrodescendientes enfrentan múltiples barreras: pobreza, racismo, violencia, exclusión de los sistemas educativos y de salud, y normas sociales que restringen sus opciones de vida”, explica Catherine Mc Kinley, Especialista en Derechos Humanos y Población Afrodescendiente de la Oficina Regional del UNFPA para América Latina y el Caribe. “En este contexto, hablar de derechos sexuales y reproductivos es hablar de justicia social”.
Un proyecto que transforma
Desde 2023, el UNFPA implementa el proyecto “No dejar a nadie atrás”, con el apoyo del Gran Ducado de Luxemburgo y el Gobierno de Irlanda, para promover el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos entre adolescentes y jóvenes afrodescendientes de Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Panamá.
El proyecto trabaja desde tres ejes complementarios: la educación integral en sexualidad con enfoque étnico-racial, el fortalecimiento de servicios de salud sexual y reproductiva culturalmente pertinentes, y la transformación de normas sociales que perpetúan el silencio, la violencia y el control sobre el cuerpo y la sexualidad de las niñas y adolescentes.
“Una joven que no puede hablar sobre sexualidad en su casa, que no tiene acceso a anticonceptivos en su comunidad cuando los necesita o que sufre discriminación por parte del personal de salud, no está realmente decidiendo”, afirma Edgard Narváez, Asesor de Aseguramiento de Insumos de Salud Sexual y Reproductiva y Sistemas de Salud de la Oficina Regional del UNFPA para América Latina y el Caribe. “Decidir implica acceso a información, servicios de calidad y una red de apoyo que respete y acompañe”.
Uno de los hallazgos del informe es que millones de mujeres y adolescentes siguen enfrentando barreras estructurales para ejercer su libertad reproductiva. En muchas ocasiones, el acceso a métodos anticonceptivos modernos es limitado o inexistente, y la atención que reciben está cargada de estigmas y prejuicios.
“Muchas veces el personal de salud también tiene mitos y tabúes. Si no se cuestionan esos prejuicios, no se puede garantizar una atención respetuosa”, reconoce Siannie Palmer, enfermera ginecobstetra en Talamanca, Costa Rica, quien ha participado en los procesos de formación del proyecto.
A través de estas formaciones, se busca que el personal de salud ofrezca una atención empática, basada en derechos y adaptada a las realidades culturales de cada comunidad. Además, se han distribuido insumos anticonceptivos y simuladores para que el personal de salud pueda mejorar las habilidades para su colocación.
Servicios con enfoque de derechos: una pieza clave del cambio
El informe señala que el acceso desigual a servicios de salud de calidad es una de las causas profundas de la falta de libertad reproductiva.
“El uso de métodos anticonceptivos es un tema que todavía se ve como tabú, más que el uso de drogas. Como no hay una verdadera educación sexual en nuestros jóvenes, ellos creen que no deben de usarlos porque no van a tener ninguna consecuencia al tener relaciones sexuales”, afirma César Dolmo, Vicepresidente del Museo Garífuna Sawaina, en Honduras. En su comunidad, la poca o nula educación para la sexualidad ha sido uno de los factores que influye en las alarmantes cifras de embarazos y nacimientos en niñas y adolescentes. “Todos los años había entre 8 a 11 partos de adolescentes”, agrega.
Los impactos del proyecto ya se sienten en las comunidades. Eva Esther Bernárdez, consejera estudiantil en Santa Fe, Honduras, cuenta con orgullo que, por primera vez en un año, no se reportaron embarazos en el centro educativo donde labora. “Yo siempre les he dicho a los padres: tener el conocimiento y el saber te da la libertad de elegir. Ahora los padres incluso me preguntan cuándo vuelven las muchachas [del UNFPA]”.
El informe es claro: millones de mujeres y adolescentes en el mundo no pueden decidir sobre su cuerpo y su futuro. No obstante, los avances logrados en las comunidades de la Costa Caribe Centroamericana durante los últimos dos años muestran que el cambio es posible, cuando se garantizan derechos y se escucha a las juventudes, se respeta su diversidad e identidad y se garantiza su acceso a información, servicios de calidad y apoyo.
La libertad reproductiva implica mucho más que acceso a anticonceptivos: es la posibilidad de imaginar y construir un futuro propio. Cuando se respetan los derechos, se transforma no solo una vida, sino generaciones enteras.
