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Nora: el liderazgo firme de una joven ayorea

Nora: el liderazgo firme de una joven ayorea

Historia

Nora: el liderazgo firme de una joven ayorea

calendar_today 03 Diciembre 2025

Portada
Nora comparte hoy los conocimientos que recibió en un internado lejos de su comunidad. Ella prepara a niñas y niños para que se desarrollen plenamente. ©UNFPA Paraguay / Laura Iparraguirre

CAMPO LORO, Chaco paraguayo – Entre los caminos de tierra que conectan Filadelfia con Campo Loro, vive Nora Galarza Picanerai Chiqueñoi. En esta comunidad Ayoreo el idioma es más que una forma de comunicación: es identidad, cultura, historia y supervivencia.

“Acá hablamos ayoreo al cien por ciento”, dice Nora, una joven docente de 21 años que enseña a niñas y niños de tercero y cuarto grado. “Muy pocos sabemos castellano. Yo, mi hermano y mi prima nomás”, remarca.

Su historia comienza marcada por el idioma. A los cuatro años, Nora fue enviada a un internado lejos de su comunidad. Allí cumplió cinco años. “Lo más difícil fue el idioma, entender a la gente cómo hablaba”, recuerda. “Me costaba socializar con mi familia cuando volvía, porque casi ya no hablaba ayoreo”.

Si bien esta separación fue un sacrificio para ella y su familia, a la par fue clave para que Nora creciera y se desarrollara protegida. Esto es muy relevante, teniendo en cuenta que en el grupo de niñas de 12 años y menos, Paraguay tiene la tasa específica de fecundidad más alta en el Cono Sur, lo cual guarda una directa relación con el abuso sexual en niñas*.

Educar para poder decir quiénes somos

Hoy, con serenidad y determinación, Nora enseña en la misma comunidad donde creció. En un aula sencilla, con una pizarra como única herramienta, acompaña a una docena de niñas y niños curiosos que aprenden palabras nuevas cada día. “En la pizarra nomás escribo todo”, cuenta. “Uso mi celular para buscar en Google las cosas que necesito enseñar.”

Su principal motivación es que las niñas crezcan seguras, desarrollando  sus proyectos. En contraposición, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el 2022, 6.130 niñas y adolescentes de entre 12 y 17 años dieron a luz, y un total de 10.371 niñas y adolescentes estaban casadas, unidas o eran viudas, separadas o divorciadas, con lo cual se les ha vulnerado su derecho a vivir una vida libre de violencia y a ejercer su autonomía corporal.

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Nora reflexiona y nos dice que pretende colaborar para que puedan expresarse en castellano “porque si alguna vez tienen que ir al hospital, no van a poder explicarle a la enfermera dónde les duele, porque ella no va a entenderles en ayoreo. Por eso quiero enseñarles”. Cada clase se convierte así en un acto de conexión entre dos mundos: el de las raíces que sostienen la identidad ayorea y el de las oportunidades que ofrece el aprendizaje.

Un entorno que exige resiliencia

Campo Loro alberga a más de 400 personas que viven rodeadas por el monte chaqueño. El calor alcanza los 45 grados y el cambio climático es hoy una amenaza directa para las comunidades indígenas e hipoteca el futuro de adolescentes y jóvenes. A esto se suma que la distancia hasta los servicios básicos sigue siendo un desafío: en caso de emergencias médicas deben trasladarse hasta Villa Choferes que está a más de 60 kilómetros.

La comunidad cuenta con electricidad y algunas bombas de agua, pero el acceso sigue siendo limitado. “El agua es lo más necesario”, dice Nora. “Muchos sufren porque no tienen acceso a este recurso”.

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Al matricularla en aquel centro educativo, su madre y su padre tomaron una decisión crucial que se convertiría luego en un beneficio para Nora y toda la comunidad. ©UNFPA Paraguay / Laura Iparraguirre

A pesar de las dificultades, ella habla con esperanza. Quiere seguir estudiando informática y mejorar sus clases con más recursos tecnológicos. “Eso me gusta mucho”, afirma, con una sonrisa tímida. Su familia fue su mayor apoyo para estudiar y hoy la comunidad confía en ella como guía de las nuevas generaciones. En cada palabra que enseña hay un propósito profundo: garantizar el ejercicio de derechos, que su gente pueda expresarse, pedir ayuda, aprender y decidir. Su trabajo representa una forma silenciosa y firme de liderazgo joven que nace del compromiso cotidiano.

Puentes que transforman

Historias como la de Nora revelan el poder de la educación como herramienta para el ejercicio de derechos fundamentales, entre ellos los derechos sexuales y reproductivos. En comunidades indígenas, conlleva que las niñas y adolescentes crezcan seguras, lejos de una unión temprana y de un embarazo no intencional. 

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En esta comunidad Ayoreo, donde el idioma es identidad, cultura, historia y supervivencia, tender puentes interculturales es esencial para garantizar derechos y opciones para todas las personas. ©UNFPA Paraguay / Laura Iparraguirre

El Ministerio de Salud Pública y el UNFPA trabajan junto a las comunidades indígenas del Chaco paraguayo para fortalecer esos lazos: garantizando el acceso a la salud sexual y reproductiva y generando materiales educativos que respetan las lenguas y cosmovisiones locales.

Una experiencia exitosa ha sido consolidar la oferta de planificación familiar, acompañada de charlas y conversaciones en sus idiomas y adecuadas culturalmente, para que las adolescentes y las mujeres conozcan y puedan optar por un método anticonceptivo moderno. “Desde el año pasado, en nuestra comunidad las adolescentes que ya tuvieron un hijo pudieron acceder al implante subdérmico como método para prevenir un nuevo embarazo a temprana edad”, nos explica Alejandra Uneai (30), del pueblo Ayoreo, quien participó del proceso de construcción y validación de materiales de planificación familiar en su lengua.

“Luchen por lo que quieren”, dice Nora. Y en esa frase sencilla se resume toda una vocación: enseñar para que su comunidad pueda hablar, decidir y construir su propio futuro.

 

*Fecundidad y Maternidad Adolescente en el Cono Sur: Estado de situación post pandemia y nuevos desafíos. Georgina Binstock (CENEP-CONICET) Cecilia Velázquez (CENEP). Octubre 2024.